Flora

EL ACEBO Y EL ENEBRO

El acebo

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Es un árbol pequeño porte que, en Prádena, no sobrepasa los 10 m de altura, a pesar de aparecer ejemplares muy viejos. Se pueden distinguir fácilmente por su follaje denso, oscuro y lustroso. Sus hojas son verdes oscuras y muy brillantes. Son además muy rígidas, de forma oval, con el borde ondulado provisto de dientes fuertemente espinosos. Estos dientes le sirven para protegerse de los herbívoros, aunque, en las partes altas, tienden a desaparecer. Otra característica son sus llamativos frutos de color rojo vivo, que maduran a partir de octubre y visten a la acebeda de un hermoso traje invernal. Es, además, un árbol dioico, con pies masculinos y femeninos.

Durante un largo periodo, hasta hace, aproximadamente, 40 millones de años, un clima subtropical dominaba Europa. Es, en estas condiciones climáticas, cuando surge el acebo. Posteriormente, se adaptó a los periodos más fríos y secos refugiándose en las zonas húmedas y umbrosas de la montaña, sobre todo en el norte peninsular.

Es un árbol que ha tenido diversos usos en la sierra. Los brotes tiernos se utilizaban como forraje para las vacas; con la corteza se elaboraba liga para cazar pájaros y las ramas se usan, aún hoy en día, como ramo protector. Su madera es muy apreciada por ser fuerte y dura. De hecho, los palos de las danzas del paloteo de Gallegos eran de acebo. En la actualidad es un árbol protegido en Castilla y León.

-El enebro o sabina albar

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Suele tener entre 4 y 12m de altura. Presenta un tronco corto, retorcido y grueso en los árboles más viejos, que en Prádena alcanzan los 300 años. Las hojas de los ejemplares adultos tienen forma de escama, disponiéndose de tal manera, que la punta de cada una cubre la base de las siguiente. El fruto, denominado arcéstida, es una falsa baya. Según su grado de madurez, pasa de color verde a negro azulado.

Los botánicos consideran al enebral un bosque relicto. Esto es, la muestra de un paisaje vegetal que dominó Europa hace millones de años, cuando el clima era frío y seco. Se han encontrado restos de esta especie con una antigüedad superior a los 65 millones de años. No obstante, ha sobrevivido hasta nuestros días, como traído al presente a través del túnel del tiempo.

El enebro, como se conoce a este árbol en Segovia, es muy querido por los habitantes de esta zona de la sierra; puesto que de él todo se aprovecha, sobre todo su madera. Ésta es muy dura y resistente, por lo que se utilizó para la construcción. Además es aromática, usándose como antipolilla y, en forma de incienso, para desinfectar el ambiente. Con este fin, se hacían grandes hogueras de enebro para evitar la propagación de pestes en las plazas de los pueblos, incluso en Segovia capital.


BOSQUES DE GRAN VALOR BOTÁNICO

LA ACEBEDA

Normalmente el acebo es un árbol que vive aislado o formando pequeños grupos, por lo que es muy poco frecuente encontrar bosques de esta especie. Las principales acebedas se localizan en las montañas del noroeste y el centro peninsular, entre las que se encuentra la de Prádena. Esta originalidad otorga a la acebeda de un alto valor botánico.

El acebo forma un bosque muy denso, en el que penetra muy poca luz. Por ello, posee un pobre sotobosque, en el que las escasas plantas que existen están adaptadas a la umbría. Este es el caso de la Hierba de San Roberto (Geranium robertianum) pequeño geranio silvestre de flores rosadas.

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Entremezcladas con las zonas más densas del acebal, se encuentran otras adehesadas, aprovechadas para el ganado. En ellas, el acebo se mezcla con viejos ejemplares de roble (Quercus pyrenaica), así como con arbustos que en Segovia son poco frecuentes. Entre ellos, destacan el aligustre (Ligustrum vulgare) y el serbal de los cazadores (Sorbus aucuparia). El primero tiene las flores blancas agrupadas en racimos, que fructifican en unas bayas negras. El serbal también tiene las flores blancas, pero éstas se agrupan a la misma altura y se transforman en llamativos frutos de color naranja intenso o bermellón

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-EL ENEBRAL

Al contrario que el acebo, el enebro forma originales bosques en los que los árboles aparecen muy separados entre sí. Este aspecto despejado es el que favoreció, como nos cuenta El Cantar del Mío Cid, que este guerrero viajara por enebrales hasta llegar a su destierro valenciano, evitando así las emboscada.

El carácter abierto de este bosque permite que aparezcan diversas especies de arbustos, que podemos observar en la ruta:

El jabino o enebro común (Juniperus communis) se reconoce por sus hojas en forma de aguja, con blanda blanca a lo largo del haz. Se puede confundir con ejemplares jóvenes de J. thurifera, ya que éstos también tienen las hojas aciculares.

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La botonera (Santolina rosmarinifolia) es muy común en toda la sierra. Es fácil de distinguir por sus inflorescencias terminales con forma de botón amarillo.

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El tomillo salsero (Thymus zygis) se diferencia de sus congéneres por su característico olor, su bajo porte y por tener las flores, de color blanco intenso, agrupadas en inflorescencias. Su nombre proviene de su uso como condimento en los guisos.

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Esta entrada ha sido adaptada a partir del Folleto de observación de la naturaleza de Prádena. Editado por el Patronato Provincial de Turismo de Segovia

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